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//23 de Marzo, 2011 |
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por
carlosfernandez a las 00:04, en
Politica Nacional |
Cada época
tiene la facultad de resignificar el pasado. Nada de lo que quedó atrás
permanece intocado cuando, bajo las circunstancias propias del presente, es
puesto nuevamente en el centro de la escena. Acaso la más cabal y reciente muestra
de ello pudimos verla durante los festejos del Bicentenario, no sólo porque una
multitud rompió en mil pedazos los augurios mediáticos de una conmemoración
atravesada por la indiferencia, sino también porque de esa inédita fiesta
popular emergió un nuevo relato de la
historia nacional, un relato que obligó, a los distintos actores de la vida
contemporánea, a debatir lo que parecía ser un expediente ya cerrado.
Algo
semejante, aunque bajo otras condiciones y características, sucedió el 11 de
marzo pasado en la cancha de Huracán, cuando decenas de miles de hombres y
mujeres de distintas edades y condición social se reunieron para enlazar, en un
giro no menos interesante y sorprendente, lo acontecido hace 38 años, en otra
Argentina, con una realidad que hoy se manifiesta y nos interpela de manera apasionante
sin que nada ni nadie pueda permanecer indiferente.
En ambos casos, por esos misterios que conforman la
intimidad de las sociedades, lo que dejaron esos acontecimientos fue no sólo la
posibilidad de conocer otra memoria, poniendo en evidencia que la historia
siempre es un territorio de disputas y querellas que estallan en el presente,
sino también que la participación popular en el debate político es lo único que
puede quebrar la hegemonía de los sectores dominantes, sus voceros mediáticos y
sus aliados “democráticos”.
Lo que muchos quizá no sepan o no reconocen
es que las jornadas de mayo de 2010, en las que una verdadera multitud se
derramó sobre el centro de Buenos Aires
y de muchas otras ciudades del interior redescubriendo una escritura hasta ese momento ya casi olvidada, o en el
mejor de los casos tenuemente mencionada por muy pocos, fueron posibles porque
algo insólito se inauguró en otro mayo, de 2003, cuando inesperadamente se quebró la inercia de un país degradado y una
sociedad a la que se le había privado de lo mejor de su propia historia.
Puede que aquel 11 de marzo de 1973, cuando
triunfó la fórmula Cámpora-Solano Lima luego de 18 años de proscripción del
peronismo, no tenga mucho en común con el acto realizado el pasado 11 de marzo
en la cancha de Huracán. Aquellos jóvenes de los setenta, portadores de sueños y
banderas revolucionarios, núcleo militante que junto a la clase trabajadora logró
traer a Perón de su exilio madrileño, evidentemente no son los mismos jóvenes del siglo XXI,
amanecidos a la política ya hartos de la falta de participación y el predominio
del hiperindividualismo que infectó nuestras sociedades en las últimas décadas.
Dos experiencias históricas muy distintas, ya que entre aquella Argentina de 1973
y esta del 2011 no sólo nos separan los años cruentos, vergonzosos y miserables
dominados por los perros de la noche dictatorial, sino que además es otra la
relación que mantienen las actuales generaciones con la democracia, invirtiendo
los términos de aquella época en la que poco y nada del espíritu democrático
parecía vivir en el interior de una sociedad que sólo había conocido la malsana reiteración de
proscripciones, golpes militares, gobiernos civiles débiles y finalmente una
dictadura criminal como nunca antes se había conocido. Sin embargo ambas confluyeron masivamente a esa
cita con el presente argentino que representó
el acto de Huracán.
Una generación, la del setenta, ilusionada
con transformar el mundo y sacudida por las irradiaciones de la Revolución
Cubana, el Mayo Francés, la epopeya del Che y los grandes movimientos de
liberación nacional que venían convulsionando al Tercer Mundo, que creyó que
podía tocar el cielo con las manos y sin embargo no pudo torcer el rumbo de una
tragedia anunciada, y otra generación
que ha crecido al cobijo de una democracia cuya inédita permanencia y más allá
de crisis y dificultades parece haber alcanzado una madurez que ya nadie discute: una generación que ha debido construir su
experiencia de retazos y de novedades pero que sabe que son herederos de otros
jóvenes, que llevan en sus mochilas sueños y mandatos, utopías y derrotas y busca
reconstruir los hilos que los unen con las antiguas experiencias
Algo de eso viene sucediendo desde hace un
par de años en la sociedad argentina, provocando sorpresa y alarma en el poder
corporativo, que, como siempre, se desespera cuando estos “milagros” se hacen
presentes en la vida de los pueblos. Porque
allí, con miles de voces cantando lo propio de esta época, nuevamente se dieron
cita las multitudes que hacen la historia.
En Huracán se
reescribió, bajo las demandas y las condiciones de nuestra actualidad, la
significación del 11 de marzo de 1973. Se hizo de esa fecha-acontecimiento ya
no un recuerdo de un pasado mítico, añorado por quienes se sienten huérfanos de
sus irradiaciones, sino que se abrió paso una reapropiación inesperada, y con nuevo
estilo, de un pasado que vuelve a cobrar un sentido que parecía extraviado en
la noche de la historia. Allí se recogió la herencia de un acontecimiento que
marcó a fuego a la política argentina y que sin embargo no es festejado ni
recordado por el pejotismo, que ha preferido otros rituales y otras fechas a
aquella que le recuerda el triunfo de “los infiltrados”. |
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//25 de Junio, 2010 |
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invitado a las 04:02, en
Politica Nacional |
 Se habló del país virtual y el país real. Entre ambos, emerge a su vez, un tercer país: el país de la percepción que viene a desvirtuar, tímidamente, el apocalipsis que promueve el primero y a descubrir, con la misma timidez, algunas certezas esperanzadoras del segundo. Esta nueva lectura que algún sector de la sociedad comienza a hacer es consecuencia de una actitud política: instalar el debate social, resignificar la participación activa de base y confrontar antiguas dicotomías rayanas al tabú, al prejuicio y en el peor de los casos, al desinterés. Este, y no otro, definitivamente es el mayor y mejor logro de esta mujer, que, guste o no, es la presidenta Cristina Fernández. Todos los demás aspectos son desprendimientos de esta decisión. Y es éste y no otro, definitivamente, el caldero donde hierve el caldo del odio, la sal que hiere al dibuk, las causas que causan terror.
A partir de esta premisa hay que destacar algunos méritos. Entre ellos está el que habiendo sufrido una conspiración de acontecimientos que auguraban su fracaso, pudo salir airosa y sin triunfalismos, como un bote que emerge de la furia tormentosa en el océano. Remontó la crisis internacional, padeció uno de los mayores default de nuestra historia, soportó la más férrea denigración mediática, amortiguó los golpes de una devastadora oposición que huérfana de líderes demócratas verdaderos tiene como fin debilitar a un gobierno que -vaya la paradoja y la hipocresía- la misma oposición integra, aguantó la indiferencia y la adversión de sectores de los que se espera un convenio tácito sobre cuestiones básicas como lo son los derechos humanos, la democratización de los medios y el respeto a las instituciones, la asignación universal y las políticas educacionales.
Los que miran profundo ven lo verdadero. Aquí se inicia otro mérito: esta mujer no salió a derrumbar los castillos de arena desde cuyos balcones profetisas descarriadas o séquitos de cletómanos auguraban catástrofes. Dejó, con paciencia materna, que caigan solos: se dijo que el campo se fundiría, el campo no se fundió; se vaticinó una estampida del dólar y el dólar se mantuvo manso; se pronosticó una política de ajustes y la respuesta fue más medidas sociales; se le endilgó una calidad de títere de su esposo y demostró muy clara su autonomía; se amenazó con una chavinización de la República y mostró estar tan cerca de Chávez como de Lula o Evo Morales, se la tildó de montonera y el único ejército que mostró fueron los fans de 6-7-8.
Esta mujer es más que Chanel y Louis Vuitton. Es la mandataria que aplicó políticas que nadie, desde hace cincuenta años, se animó a aplicar. Y eso es meritorio. Fue más allá en un país donde los límites siempre fueron impuestos por sobre los gobiernos. Y eso, por ser meritorio, es para muchos imperdonable. Y en ese ir más allá descoloca, desconcierta, desestabiliza a todo el arco político que balbucea contradicciones. Néstor Kirchner es predecible y por lógica su Gobierno fue de crecimiento cuantitativo. Esta mujer no construye política, instala el debate de la política misma; no polemiza en primera persona, instala la polémica y deja que los actores sociales polemicen. El Gobierno de esta mujer es cualitativo y eso la diferencia del resto.
En este escenario que esta mujer provocó, en el mejor sentido de la provocación, aparecen dos líneas claramente definidas: retoma políticas inclusivas de Perón y la actitud confrontativa de Eva. Y antes de hacer comparaciones con Perón y con Eva, es preferible arriesgar dos lecturas posibles: este Gobierno es lo más parecido al Gobierno peronista en los últimos cincuenta años y la mujer que lo encarna, antes que otra cosa, antes que ninguna otra cosa, es, como dice un amigo, un cuadro político. Y un cuadro político privilegia, por sobre todas las cosas, su noción colectiva del concepto Patria.
Este Gobierno no tiene muertos propios. No reprimió el default del campo ni las movilizaciones contrarias. Enfrentó a los adversarios, a los opositores y a los enemigos con la palabra, con la invitación a debatir o el desafío a discutir. Y este mérito, genera impotencia y la sucede el odio. Esta mujer quebró los esquemas: no sacó a la CGT a la calle, no movilizó su "clientelismo social", no fue violenta como muchos quizás, peligrosamente, hubieran querido. Fue hasta lugares donde hasta hace cinco años eran impensados: puso en evidencia no sólo el andamiaje de los medios de comunicación, sino además, abrió el debate sobre el rol, la ética y la imparcialidad de los periodistas; desmitificó la soledad de las madres y sacudió el letargo impune de los crímenes de lesa humanidad; adhirió activamente a la más sólida intencionalidad de integración latinoamericana…
¿Cómo no va a generar odio si hace lo que otros gobiernos populares hubieran querido hacer? ¿Cómo no va a generar odio si hace lo que cualquier gobierno antipopular no quisiera que se haga? ¿Cómo no va a generar odio si para colmo esta mujer, es mujer?
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//10 de Enero, 2009 |
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carlosfernandez a las 21:14, en
Politica Nacional |
 La presidenta va de visita a Cuba. Según parece porque hace apenas unos días festejaron el cincuentenario de la revolución y porque ahora Cuba está por entrar en la OEA. Pero es una excusa. Mala, pero excusa al fin. Seguro va para comprarse un vestuario caribeño legítimo. Y seguro se hará trencitas “afro” y se va fumar un habano, toda de blanco y con grandes anteojos oscuros (otros, no los que se compró Libia). Que la presidenta lo piense. No es cuestión de viajar a cualquier parte. Ya se dio el gusto con el norte de Africa. Menos mal que no se le ocurrió ir a Ruanda o al Congo. Y no vaya a ser cosa que ya que anda por el caribe se le ocurra ir a Haiti y aparecerse en bikini, tratando de emular a la nunca igualada María Julia, cuando fue tapa de Gente apenas cubierta por un tapado de visón y nada abajo: Julita es Julita y el visón es visón. Que visite Holanda, que ahí tenemos casi una reina. Que vaya a Suiza, que ahí tenemos varias cuentas nacionalizadas. Hasta está bien que haya ido a Rusia, que aunque es comunista por lo menos usan gorros de piel de marta, carísimos. Por qué irse a Cuba en lugar de Luxemburgo, que también es un país chiquito, pero rico, lleno de gente de la nobleza que no paga impuestos al Estado para que no se los la malgaste en los pobres. ¿Pero justo Cuba? Si los Estados Unidos vienen bloqueándola desde hace medio siglo, por algo será. Los Estados Unidos no hacen nada que sea injusto. Bomba que arrojan bomba justificada y la tortura allí no es tortura, es “tarea de inteligencia”. Lo único que nos falta: que en lugar de estrechar relaciones con los países ricos nos juntemos con los países pobres. ¿ Qué tienen que ver nuestros bifes anchos y nuestras achuras de Brangus de la pampa húmeda, con el arroz con frijoles y el plátano frito? ¿Qué tienen que ver nuestra clase media próspera con los cubanos sin auto y sin horno a microonda, y que ni siquiera pueden ir al shopping? No se entiende esta mala idea de asociarse con Cuba justo para incomodar a los Estados Unidos. Y para que se broten Andrés Oppenheimer, Morales Sola y hasta nuestro muy doméstico Roberto Taffani y empiecen a escribir notas alertando sobre la amenaza que esto significa para Occidente. Ya se lo ve venir a Mario Vargas Llosa, Marcos Aguinis y Nelson Castro indignados, derrochando todo su talento ante este retroceso latinoamericano. El único que va a hablar bien es Bonasso. Y tal vez Pedro Brieguer. Y por supuesto Lula y Chaves. Pero .¡Qué no van a decir Lilita y el resto de la Oposición acerca de esto! ¿Y Luis Juez? Seguro se inventa un cuento verde Aunque sabe tantos que quizá no le haga falta inventar otro. Quienes toman sol en Punta del Este van a decir con desprecio que el Malecón de la Habana no tiene nada que ver- ni por asomo- con esos atardeceres preciosos en José Ignacio, comiendo tortillas de algas en platos de conchillas. Y Mirta Legrand se preguntará por qué irse a Cuba en lugar de ir a Mónaco, que también tiene playas bellas y también esta gobernado por una familia, desde siempre, y no desde hace apenas cincuenta años. Cuba está bien para la rumba, para la trova, para ir como turista y volver con souvenirs del Che Guevara. Y con esa foto que le sacó Korda y traérsela de regalo a los amigos finos para que la cuelguen como broma en el quincho. Pero no está para ser una par de Argentina. Cuba es bastante negra y la Argentina es blanca. Pregúntenle a Delía y a Fernando Peña. Y a De Angeli, que es gringo. Y a la Carrió, que además de rubia no tiene nada de desnutrida. Que la presidenta consulte mejores itinerarios turísticos. Porque así el futuro nos encontrará desorientados. Unos mirando únicamente hacia arriba, ¿viste? Y otros hacia abajo. Y siempre dudando entre la civilización y la barbarie. Aunque si se mira bien a la civilización, no habría que dudar: nuestra esperanza está en la barbarie. |
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Corriente-PUCARA
ESTAMOS AQUÍ PARA DECIR LO QUE ALGUNOS SABEN Y NUNCA DICEN-LO QUE MUCHOS SABEN Y POCOS DICEN Y LO QUE TODOS SABEN Y TODOS CALLAN
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